lunes, 15 de octubre de 2007

La señito en Matute

Alguien me avisó de la existencia de esta reliquia dorada en Youtube y me pareció pertinente compartirla en este blog como muestra de lo que no se debe hacer en televisión o, si quieren, como una lección magistral de la huachafería que resulta connatural al peruano promedio. Se puede esgrimir en su defensa el hecho de que sea antiguo (es del año 1991) y que todo lo pasado tiende a verse ingenuo o ridículo, pero incluso en esa época creo que era elocuente su mal gusto.

¿Qué hace Pablo de Madalengoitia en ese tinglado? Si su imagen era la del correcto caballero de Helen Curtis pregunta, se nos despintó por completo en esta muestra de ayayerismo patético más propio del Pecoso Ramírez. Ya se entiende por qué unos añitos más tarde sería el encargado de despedir al Negro Ferrando en su último programa (1995). Al buen don Pablo lo explotaban , en su vejez, peor que a presentador de café teatro.

No se pierdan la música de fondo: el tecladito electrónico Casio “de organillero” (como lo observa un comment de Youtube) no se cansa de repetir la cortina de Rocky para dar paso a la gran campeona del rating e ídolo de las amas de casa de nuestro querido Perú Perú Perú.

Mención aparte merecen el vestido rosadito de Gisela (que contrastaba totalmente con su negro pasado, véase en una hemeroteca la colección completa de Confidencial) y su “vuelta olímpica” en un carrito marca Lada (el Tiko de la época) con un moño de regalo gigante. Como reza otro comment de Youtube: “Ella saludando de pie en el carro y el cholo sujetandole la puerta del Lada (ya podían haberla paseado en un Mercedes!!)…”. ¡Y sus poses de diva! ¿Acaso se creía Marilyn? Total, un monumento a la desproporción barroca digno de mejor fin. Delito de lesa estética sancionado con garrote vil por el dueño de este blog.

Mr. Belvedere aconseja:

Nunca te subas a un helicóptero verde militar.

Nunca te bajes del helicóptero verde militar en mitad de un estadio, sobre todo si es el de Alianza Lima (está salado).

Nunca lleves vestido rosado si eres mayor de 15 años, salvo que seas Paris Hilton o conejita de Playboy.

Nunca lleves un vestido rosado que permita adivinar que estás fajada.

Nunca lleves zapatos de una tienda llamada “Calzatura Tití”.

Nunca bailotees al ritmo de “Símbolo sexual” de Roberto Carlos mordiéndote los labios (como si fueras poco menos que Venus recién salida de la espuma) mientras muestras el vestido de canje que te dan para tu programa de mediodía ni tararees la parte del coro (“sex, sex, sex, sexual,/ sex, sex, sex, sexual,/ porque mi amor tú eres mi símbolo sexual”), creyendo que Roberto Carlos compuso la canción para ti.

Nunca le pongas a tu peluquería el nombre de un perfume clásico de Givenchy y mucho menos lo pronuncies mal (se ruega aprender francés o al menos sus reglas fonéticas).

Nunca pretendas imitar a Susana Giménez.

domingo, 14 de octubre de 2007

Ponga un cheongsam en su vida


Todos hemos visto un cheongsam, pero pocos lo admiran tanto como Mr. Belvedere, que es un fetichista consumado. El cheongsam, no obstante, está repleto de equívocos. Para empezar, el cheongsam en realidad se llama qipao. Para un chino que no habla cantonés, el cheongsam es un traje para hombre, mientras que para el resto de dialectos chinos y para todo el mundo occidental, cheongsam es un vestido femenino. Su definición creo que le queda corta: “Vestido tradicional de las mujeres chinas”. Otro detalle: al menos yo, lo encuentro más sexy en mujeres occidentales (de mi temor casi religioso por las asiáticas hablaré en un próximo post).
¿Cuál es el atractivo del cheongsam? Es entallado, luce la silueta, los más finos se hacen de seda o satén, resalta el cuello y deja exhibir los brazos. Con sandalias a juego, la bisutería apropiada y un moño alto que permita admirar la nuca, creo que se explota todo su potencial. Los hay desde recatados hasta casi obsenos, todo depende de la brevedad de la prenda y el porcentaje de piel que se muestre. Pero hasta la mujer más conservadora, creo, se verá de gloria. Hay muchas actrices que han hecho campaña por difundir el cheongsam. Felizmente, sigue siendo un placer minoritario. Valga la anécdota de que nunca he conseguido que alguna novia se ponga uno para complacerme. Sin embargo, puedo hablar de algunas chicas, amigas o conocidas, que lo han lucido en fiestas y reuniones sociales.
En esta foto se luce Nicole Kidman con su cheongsam rojo (clásico, el segundo color preferido es el celeste). Nótese la aplicación de la sandalia ídem (¿loto? Sería genial). A su lado, Renton u Obi Wan Kenobi.
Una película más o menos reciente donde se explota la serena belleza del cheongsam es en Spiderman (2002). En el corso neoyorkino que arruina el Duende Verde, Mary Jane lleva uno rojo muy elegante. Súmesele la cabellera y los palitos.

A manera de prólogo

Las mujeres son como caballos. Es cuestión de perspectiva. Cuando voy por la calle, basta con mentalizarme y asumir que todas esas mujeres (jovencitas, adultas, ancianas, adolescentes inclusive), son animales de paso. Algunos mucho más gallardos que otros, pero en esencia animales con grupa, piernas elásticas y cuellos que, en movimiento coordinado, constituyen un espectáculo de la naturaleza. Hay que saber mirar. Como cuando, en verano, empiezan a usar sandalias. Qué placer es entonces descubrir unos deditos como bocadillos para meterse a la boca o el talón rosa carnal que promete tantas delicias para el paladar. Cuando uno ve las cosas así, descubre que en el mundo hay, quizás, demasiada belleza y que una buena cantidad de ella está concentrada en ciertas mujeres, o sea en los soberbios caballos que van al trote por nuestras aceras. Lamentablemente, vistas así, las mujeres, como los caballos, son solo para hedonistas, es decir, gente dispuesta a invertir tiempo, esfuerzo y dinero en ellas. Como los caballos, están sujetas a pasiones, a marchas y contramarchas que conviene sosegar o conducir por buenos cauces. Tal como los caballos, también, algunas mujeres suelen ser para los hombres como joyas vivas o piezas de exhibición. Finalmente, y a manera de resumen, mujeres y caballos pueden ser auténticas obras de arte.